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domingo, 15 de febrero de 2026

AL RITMO DEL AGUA

Dirección: Juan Felipe Bernal Vargas
Guion: Juan Felipe Bernal Vargas
Reparto: Paola Duarte Giraldo, Alfredo Aguilar, Carolina Olaya, Juliana Velásquez, Oscar Bajonero, Rodrigo Cárdenas, Andrés Mavioly
Música: Jose Ricaurte
Fotografía: Andrés Botero
Distribuidora: Moon Entertainment. Año:2023
Título Original: Al Ritmo del Agua 
Estreno En España: 13/02/26
Genero" Drama,  Autor. 
Duración: 119 Minutos 

ARGUMENTO 
Paula, una nadadora profesional que intenta recuperarse de una lesión en el hombro que le costó su lugar en la selección nacional de su país. Su largo proceso de recuperación la lleva a enfrentar problemas familiares, su madre, Yolima, sufre de Alzheimer y ya no la recuerda, lo que lleva a Paula a cuestionar su propia identidad y sentido de la vida. La incertidumbre de su lesión y el Alzheimer, crean un conflicto constante para una persona que intenta evitarlo lo más que puede.
Mientras está en la práctica Paula se vuelve a lesionar el hombro y se ve obligada a usar esteroides para poder recuperarse más rápido y volver a ingresar al equipo. A medida que el Alzheimer de su madre empeora, Paula debe soportar el abuso emocional de su madre y la ausencia de su padre, Eduardo...

CRÍTICA 
Hay películas que nacen con la clara intención de ser cine de autor. Propuestas íntimas, reflexivas, con vocación de bucear —nunca mejor dicho— en las emociones de sus personajes. Al ritmo del agua, dirigida por Juan Felipe Bernal Vargas, es una de ellas. El problema no es la intención. El problema es el tempo.

La historia nos presenta a Paula, una nadadora profesional que intenta rehacer su carrera tras una grave lesión en el hombro que la apartó de la selección nacional. En paralelo, su madre, enferma de Alzheimer, deja de reconocerla, empujando a la protagonista a un territorio emocional devastador. Entre la presión deportiva, el deterioro familiar y la tentación de recurrir a métodos poco éticos para acelerar su recuperación, la película plantea un conflicto interesante sobre identidad, memoria y fracaso.

Sobre el papel, el material dramático es potente. La combinación de deporte de élite y enfermedad degenerativa tiene fuerza. El agua como metáfora de la memoria —fluida, inestable, a veces insondable— funciona en determinados momentos. Pero el resultado final acaba siendo más plano de lo que promete.

Bernal Vargas opta por un tono contemplativo, pausado hasta el extremo. El ritmo, lejos de acompañar la introspección, termina jugando en contra del propio discurso. Las escenas se alargan innecesariamente, los silencios no siempre dicen más que las palabras y la reiteración dramática acaba diluyendo la intensidad emocional. Lo que podría haber sido un retrato contenido y doloroso termina convirtiéndose en una experiencia algo anodina.

Eso sí, hay que reconocer que las secuencias en la piscina son, sin duda, lo más logrado del filme. La cámara se mueve con elegancia bajo el agua, capturando la fragilidad del cuerpo lesionado y la soledad de la protagonista con una potencia visual que contrasta con el estatismo del resto del metraje. Ahí sí hay cine. Ahí sí hay intención y resultado. La tensión física del entrenamiento y el eco amortiguado del agua aportan una textura sensorial que la película no consigue mantener fuera del entorno acuático.

En cuanto a las interpretaciones, cumplen con corrección, aunque el guion no siempre les permite desarrollar matices. La relación con la madre enferma, que debería ser el corazón emocional del relato, se siente a veces subrayada en exceso, como si la película desconfiara de su propia capacidad para emocionar sin insistir.

El equipo técnico trabajó con entrenadores y nadadores profesionales para coreografiar con precisión las secuencias acuáticas, y la actriz protagonista realizó buena parte de las escenas en piscina sin dobles, lo que obligó a adaptar el calendario de rodaje a intensas jornadas físicas. Paradójicamente, ese esfuerzo y esa veracidad física son lo que mejor funciona en pantalla.

En definitiva, Al ritmo del agua es una obra que aspira a ser profunda, pero cuya duración y cadencia juegan en su contra. Tiene momentos de interés, especialmente cuando se sumerge literalmente en el agua, pero fuera de ella el relato pierde fuerza y se dispersa. Un filme de autor que quiere decir mucho, pero que acaba diluyéndose en su propio discurso.
Y en el cine, como en la natación, no basta con mantenerse a flote. Hay que saber avanzar.

NOTA 4/10

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