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viernes, 16 de enero de 2026

FUCK THE POLIS

Director: Rita Azevedo Gomes
Guion: Rita Azevedo Gomes, Regina Guimarães
Reparto: Bingham Bryant, Mauro Soares, João Sarantopoulos, Maria Novo, Rita Azevedo Gomes, Loukianos Moshonas, Maria Farantouri
Música: Alexander Zekke
Montaje : Rita Azevedo Gomes, Regina Guimarães
Fotografía: Bingham Bryant
Maria Novo, Rita Azevedo Gomes
Sonido: João Sarantopoulos
Productora: Basilisco Filmes
Producción: Rita Azevedo Gomes
Distribuidora: Paco Poch Films 
Año; 2025
Título Original: Fuck The Polis
Estreno En España: 16/01/25
Género: Documental,  Experimental 
Duración 74 Minutos 

ARGUMENTO 
El anuncio de una enfermedad lleva a Irma a Grecia, la tierra de la claridad, donde inicia un viaje dictado por el dios Apolo y guiado por lugares sagrados. Unos veinte años después, Irma vuelve a recorrer ese camino apolíneo. Entre el relato de João Miguel Fernandes Jorge (basado en esa vivencia) y la experiencia de la directora, Fuck The Polis nos lleva a las islas griegas —entre voces y mares, piedras y danzas, vientos y templos, ruinas y dioses corroídos— en un intenso intento de ver el mundo que nos rodea, donde la historia coexiste con el presente y nuestros recuerdos y sentimientos subjetivos bailan con la realidad objetiva

CRÍTICA 
Hay películas que no piden la entrada del espectador: la exigen. Fuck The Polis pertenece a esa estirpe de cine radicalmente autoral que se sitúa en los márgenes, que no seduce ni explica, sino que propone —o impone— una experiencia. Y como toda experiencia extrema, puede resultar reveladora… o directamente exasperante.

La cineasta portuguesa Rita Azevedo Gomes articula aquí un filme experimental, poético y profundamente hermético, una suerte de diario viajero que prescinde casi por completo del diálogo convencional para apoyarse en una voz en off hecha de fragmentos literarios, reflexiones íntimas y ecos mitológicos. La imagen —islas griegas, ruinas, mares, cuerpos que caminan— se convierte en un territorio sensorial más que narrativo, mientras el relato avanza sin un rumbo claro, como si el propio viaje careciera de sentido, o quizá lo tuviera únicamente para quien lo emprende

La trama apunta a un desplazamiento motivado por la enfermedad, a un retorno años después a los mismos lugares, a un itinerario marcado por Apolo y la memoria. Pero la película apenas se preocupa por traducir eso en un relato comprensible. Fuck The Polis no quiere contar una historia: quiere invocar un estado, una forma de mirar el mundo donde pasado y presente se superponen y la experiencia personal se diluye en el paisaje, en la palabra escrita, en el tiempo detenido.

El problema —o la virtud, según se mire— es que entrar en la película resulta extremadamente difícil. No hay asideros claros, ni progresión dramática, ni concesiones al espectador. Si uno no conecta desde los primeros minutos con su cadencia hipnótica y su propuesta contemplativa, el metraje se vuelve cuesta arriba. Aguantar hasta el final sin haber entrado en su frecuencia es casi un acto de resistencia cinéfila.

Azevedo Gomes se mueve aquí en un terreno muy cercano al cine-ensayo más radical, donde la belleza de las imágenes y la densidad del pensamiento sustituyen a la emoción narrativa. Hay momentos de indudable potencia poética, pero también largos pasajes donde la abstracción se vuelve estéril, cerrada sobre sí misma.

Se ha comentado en festivales que buena parte del material se filmó sin un guion cerrado, dejando que el viaje real —los lugares, el clima, los encuentros— dictara el ritmo y el contenido de las imágenes. Incluso algunos de los participantes no eran actores profesionales, sino acompañantes ocasionales del propio periplo, lo que refuerza esa sensación de obra fronteriza entre cine, literatura y experiencia vital.

En definitiva, Fuck The Polis es una película difícil, exigente y nada complaciente, destinada a un espectador muy concreto. Un cine que se piensa a sí mismo, que se repliega en la palabra y la contemplación, y que puede resultar fascinante o profundamente irritante. No hay término medio. Como todo cine verdaderamente libre, no pide comprensión, sino entrega. Y no todos están dispuestos a concedérsela.

NOTA 3,5/10


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